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XXVI Congreso Pedagógico 2021

COLECTIVOS Y COMUNIDADES QUE HACEN Y PIENSAN LA EDUCACIÓN PÚBLICA
AUTORES, LECTORES Y ACTORES

Ponente: Andrea Delgado[1]

Título: Haciendo historias con fileteado porteño. Aprendizajes de transformación cultural

 

Palabras clave:  Identidad cultural. Memoria activa. Transmisión. Transformación. Arte popular. Identidad barrial.

Poema a la escrupulosa línea de un pincel

Los paneles de los carros de generaciones de antaño.

El primer chanfle pintado y un color diferente.

El ordenado repertorio. Lo visual. Lo propio.

La preponderancia de los colores vivos.

La fantástica profundidad de las luces y las sombras.

La sobrecarga del espacio disponible.

La letra gótica y el uso de la palabra.

La conceptualización simbólica. El objeto.

La expresión. La identidad. El valor.

La escrupulosa línea del pincel.

El eco de la historia en la memoria.

Las formas con su luz en el espejo.

Los arabescos, las filigranas danzando.

Cada composición dentro de un marco.

El tiempo en espiral. Emblema iconográfico.

Todo este repertorio necesario para que el dibujo,

la pintura y nuestras manos se encontraran,

manteniendo así la vitalidad de nuestro arte.

 

 

Escribí este “Poema a la escrupulosa línea de un pincel”, poema al fileteado, recuperando algunas claves de esta práctica cultural y social. Una técnica y una expresión popular que forma parte de nuestra identidad, la repensamos y damos cuenta del compromiso que tenemos como ciudadanos en transmitir y transformar esta sociedad. Vamos a compartir experiencias y reflexiones sobre un arte popular con contenido pedagógico. Los invito a recorrer con la lectura una propuesta seguida de historias, articulando estos aprendizajes colectivos.

 

A pocos meses de finalizar el ciclo lectivo 2021, la compañera Blanca Fernández, bibliotecaria de la Escuela 7, DE 20, propone dar un taller articulando Plástica y Biblioteca. La propuesta surge con un nombre: “La Clínica del Fileteado Porteño”. La invitación abrió la posibilidad de poner el fileteado en relación con las vidas de bibliotecaries y de otres docentes. Un ambiente propicio para unirnos haciendo foco en lo propio, mirando nuevamente el barrio con su folclore, sus expresiones culturales y nuestras experiencias pedagógicas-comunitarias confluyendo en un encuentro de docentes interpelados por el arte del fileteado. De este modo, al finalizar el año, abrimos el juego distrital, el interés y las ganas de aprender juntes haciendo relecturas de las experiencias con el fileteado.

 

Como trabajadora del arte y la educación aprendí a transmitir saberes creando posibilidades para la producción y la construcción, enseñando a aprender y aprendiendo al enseñar. Y en uno de esos momentos de enseñanza-aprendizaje se produce la magia de emprender este recorrido. La idea de visibilizar una técnica popular que nos pone en diálogo con un sinfín de temas e historias, con curiosidades que despiertan una definición amplia de la palabra “filete”: lista angosta en molduras, línea fina para adornar dibujos, remate de hilo enlazado en el canto de ropas, pequeña lonja de carne roja o pescado.

 

De todas esas definiciones la que abordamos en este escrito es la palabra “filetear” que se define como “adornar con filetes”. Este hilo decorativo inspiró a principios del sigo XX en Buenos Aires a inmigrantes italianos que trabajaban en las fábricas de carros, en donde estos eran de madera y luego los pintaban con un gris “municipal”.

 

Algunos testimonios coinciden en que esos inmigrantes fueron los pioneros que pintaron los primeros ornamentos sobre las nuevas unidades que salían de esas fábricas. Inicialmente se trataba de líneas muy simples que llenaban los paneles de los carros o separaban dos colores diferentes en sus costados, más tarde dieron lugar a la incorporación de nuevos elementos decorativos que fueron conformando un repertorio característico. Los tres primeros fileteadores que se conocen son Salvador Venturo, Vicente Brunetti y Cecilio Pascarella. Este último incorporó a los carros las leyendas escritas con letras góticas, que en la jerga filetera se llamaba “ergóstrica”, imitando el trabajo de los letristas franceses de la época. Miguel Venturo, hijo de Salvador, fue el primero que diseñó las flores características del género, además de incorporar una serie de elementos ornamentales, como las hojas de acanto.

 

El fileteado se desarrolló rápidamente hasta adquirir elevados niveles de riqueza y complejidad. Los motivos fueron tomados en su mayoría de las decoraciones ornamentales y arquitectónicas de la época. El fileteador Carlos Carboni se inspiraba en los ornamentos del teatro Cervantes y en las mayólicas decoradas de las estaciones del subte. La temática, en cambio, era producto del imaginario popular; se tomaban los íconos de Carlos Gardel, la Virgen de Luján o escenas de campo para llenar los óvalos centrales de algunas composiciones. Los textos fueron en su mayoría frases y lemas populares que constituían una “sabiduría de lo breve”. Acertadamente Jorge Luis Borges en uno de sus poemas bautizó a estas frases como “costados sentenciosos”.

 

¿Cómo hacer de una técnica plástica un contenido social-cultural?

El fileteado porteño no solo se realizaba con fines estéticos sino que también era exponente de los valores socioculturales del habitante de Buenos Aires.

 

Recuerdo una oportunidad, cuando tomaba clases con Héctor Rapisarda, fileteador de Lugano y Mataderos. Íbamos  a una charla en el Museo de la Ciudad de Buenos Aires que dictaba Nicolás Rubió, artista plástico, junto a su compañera de vida Esther Barugel, escultora, autores del libro Los maestros fileteadores de Buenos Aires. Esta pareja de artistas ponía el foco en este arte popular. Investigaban, indagaban, querían visibilizar y poner en valor este patrimonio cultural. Sus intereses y su compromiso los llevaron a recorrer la Ciudad, dieron el primer paso en 1967 buscando y descubriendo carros silleros, casas con frisos, calesitas, carros y camiones con fileteados.

 

En el recorrido Nicolás Rubió y Esther Barugel hicieron uso de su herramienta fotográfica, iban por la ciudad sacando fotos. Ellos contaban que despertaban desconcierto en los dueños de los vehículos de esa época: ¿por qué sacaban fotos?, ¿nos van a llevar presos? Luego, al explicar a los interesados, les contaban el significado de los letreros y dibujos; concluían en que se trataba de un “arte viviente”. Otra anécdota de esta ilustre pareja: cuando mostraban las diapositivas de los camiones y los carros a sus amigues, les preguntaban dónde estaban esos camiones y esos carros, como si nunca los hubieran visto. La vida cotidiana ocultaba esas creaciones artísticas y había que redescubrirlas recordando y conversando. De esa manera nos concientizamos sobre cuál es nuestra identidad cultural.

 

La concientización es el concepto clave del pensamiento freiriano, y el fileteado nos permite reflexionar sobre nuestra identidad.

 

¿Cuál es el sentido trascendental de la cultura?

Podríamos decir que cultura es un conjunto de conocimientos, ideas, tradiciones, costumbres, que caracterizan a un pueblo, a una clase social, a una época…

 

Las preguntas me remontan a experiencias pasadas y al descubrimiento de mi pasión por el fileteado, justamente por un proyecto de “identidad cultural”, allá por el año 2000 en una escuela en González Catán, “Domingo Faustino Sarmiento”, en el Polimodal, una modalidad del sistema educativo usado en la provincia de Buenos Aires para reemplazar la Escuela Secundaria. Fui parte de ese plantel docente que no sabía muy bien cómo iba a funcionar, pero buscándole la vuelta, y a pulmón como solemos hacer les trabajadores de la Educación, seguimos enseñando y aprendiendo con nuestres estudiantes. En ese primer año de experimentación, con una compañera del Área pensamos un proyecto de identidad cultural para y con nuestres pibes. La asignatura era “Lenguajes artísticos”. ¡Vaya responsabilidad para ser solo profe de un lenguaje, el visual!, pero acepté el desafío interiorizándome y capacitándome en el tema. Involucramos otras áreas del conocimiento, lengua, historia, música y hasta un profe de física que bailaba muy bien tango participó encantado con este viaje, que empezó aquí y me acompaña hasta hoy.

 

Con la compañera Silvia Sandoval, una profe egresada de Bellas Artes de La Plata, profesional muy comprometida en lo pedagógico, empezamos a escribir el proyecto de Identidad cultural. Comenzamos por estudiar el campo y como primer paso visitamos la Feria de Mataderos. La noche anterior vimos la función “Tanguera”. No dejamos nada librado al azar, todo era sumar al proyecto y descubrir este misterio del fileteado porteño que nosotras, egresadas de Bellas Artes, nunca habíamos conocido como un verdadero arte popular, a pesar de sus increíbles elementos plásticos. Nos decían que era “arte de oficio”, que se transmitía de maestro a aprendiz, un arte menor, y por ello, no se lo consideraba dentro de lo artístico.

 

Otro invitado de honor fue el fileteador Diego Varela, con su taller en González Catán, quien hizo una demostración en vivo pintando una tabla; un grande con una gran humildad; él fue quien ornamentó el colectivo de una serie televisiva, “Los Roldán”, que hoy a quince años del éxito está abandonado en Villa Urquiza. Se podían apreciar las frases fileteadas, como “Aguante la familia”; una de las características de este arte popular que también aparece en algunos camiones, son las frases, las iniciales, los números, íconos típicos de los repertorios. Ese día de expo participaron las familias, me acuerdo que varios papás colectiveros estaban muy curiosos y querían saber de este arte que veían a diario en sus colectivos, pero del que conocían muy poco.

 

Es impresionante cómo despiertan muchos momentos de nuestra historia esos arabescos moldeados por trabajadores de oficio, que acompañaron con la ornamentación y la decoración de estos vehículos y que fueron prohibidos en plena dictadura cívico militar por la Secretaría de Transportes y Obras Públicas (SETOP).

 

 

¡Cuántos recuerdos afloran a partir de una propuesta!

 

 “El tango es un sentimiento triste que se baila

 y el fileteado es un sentimiento alegre que se pinta.”

Ricardo Gómez

 

En la publicación del XXIV Congreso Pedagógico 2019 dejamos plasmado un viaje histórico, que unía la escuela pública y un espacio verde público de la Ciudad de Buenos Aires, la Escuela 9, DE 13 “Homero Manzi” y “Aulas a cielo abierto”, proyecto educativo del parque Avellaneda. Ambas entidades se unieron en un proyecto común y nació “Filetes sobre rieles”. “Filetes sobre rieles en la Homero Manzi”.

 

Luego de una salida didáctica al parque Avellaneda se produce un encuentro mágico con Patricia, la coordinadora de “Aulas a cielo abierto”, proyecto educativo que articula espacios, saberes y propuestas culturales.

 

En años anteriores habíamos hecho un mural en la esquina de la escuela, una pared donada por una vecina, muy linda experiencia, abordamos la identidad del barrio y visitamos los murales que están en las calles Araujo y Eva Perón, esta vez los teníamos muy cerquita. Toda esta experiencia enriqueció aún más el trabajo de la escuela y el Parque.

 

El proyecto comenzó llamándose “El fileteado porteño, el arte público en la escuela y sus repertorios visuales”. El disparador de dicho proyecto fue el nombre del patrono de la escuela “Homero Manzi”, la técnica del fileteado está íntimamente ligada al tango.

 

Uno de los objetivos consistió en acercar a los chicos y las chicas. ¿Cómo valorar la propia cultura y respetar la de los demás? Con estos trabajos mancomunados y de manera colectiva va creciendo el interés por lo nuestro.

 

Cabe mencionar que en el año 2015 el fileteado porteño fue declarado patrimonio intangible de la humanidad. No es casual que el parque Avellaneda pudo recuperar su patrimonio en democracia, gracias al compromiso de los vecinos y vecinas, de los trabajadores y organizaciones sociales. La Ley 1.153 (2003) puso en valor los aprendizajes de los repertorios visuales y los acuerdos de la Mesa de Trabajo y consenso; surgieron a partir de varios plenarios los nombres para la locomotora y para los vagones del trencito del Parque. Los nombres fueron: Ley 1.153, y Mesa de trabajo y Consenso (la ley mencionada es la que estructura la forma de organización del Parque). Entre bocetos, charlas y acuerdos ¡comenzó a marchar el tren! Nació así “Filetes sobre rieles''. Todo proyecto tiene su temporalidad, algunos tienen un inicio, un desarrollo y un fin, el Fileteado Porteño en las escuelas continúa, por eso hago hincapié en decir que no se agota, continúa este hacer cultural y colectivo que a través del transcurso temporal congrega un sinnúmero de confluencias, aportes, innovaciones, variedades de formas, modos y contenidos, demostrando a través del arte una realidad compartida, un fenómeno cultural propio y distintivo.

 

Vienen a mi memoria otros recuerdos. Quizá la primera experiencia pedagógica que tuve con el fileteado fue en la Escuela 8 del DE 12, en el año 2007, por entonces mis primeras suplencias en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Estaba tan entusiasmada…, tuve mi primer taller en Mataderos, en “El Atelier de Los Corrales”. Conocí a algunos fileteadores, me encontré con Elvio Gervasi, luego supe que él fileteó la calle Carlos Gardel del Abasto; con Alfredo Genovese, uno de mis maestros, autor de libros, entre ellos el Tratado del Fileteado Porteño.

 

Alfredo Genovese fue discípulo de Ricardo Gómez, un maestro de Mataderos que enseñó el filete por primera vez a mujeres, en su taller de Cañada de Gómez. Fue toda una revolución ver a fileteadoras en este rubro, no solo se transmitía el filete de maestro a aprendiz, había lugar para las mujeres en este arte y allí también se fue ganando espacio en relación con el género.

 

Volviendo a la experiencia en la Escuela 8, DE 12, fue maravilloso trabajar con les pibes de 6° y 7° grado. Les chiques tuvieron un recorrido por Mataderos, vieron los murales de las calles Araujo y Eva Perón, en los que participé de la mano de mi primer y gran maestro Héctor Rapisarda, artista de Lugano, quien pintó la estación de tren de ese barrio. Héctor Rapisarda fue nombrado ciudadano ilustre de la ciudad, él decidió llevar nuestras obras, la de sus alumnos y alumnas de los centros culturales en ese entonces, a la muestra en la Legislatura Porteña, donde fue homenajeado.

 

Hoy muches compas han crecido profesionalmente y políticamente, como Lorena Crespo, hoy comunera de la Comuna 9. Gracias a este arte popular que no deja de sorprenderme cada vez que lo traigo a la memoria, conocí a artistas y compañeros, y con ellos una gran red de amistades. Fue allí que descubrí los filetes, en el Museo Criollo de los Corrales, otro emblema del barrio, cuando buscaba interiorizarme para el ya mencionado proyecto de la escuela de González Catán.

 

Siguiendo con el recorrido de las y los alumnos de la Escuela 8, DE 12, visitamos el Atelier de Los Corrales, mi taller por aquel entonces, ubicado en avenida de Los Corrales y Cárdenas, bien en el corazón de Mataderos. Los participantes hacían sus propias tablitas, guiados por el fileteador Kyke Cuadrado. Luego me llevaba las tablitas, las barnizaba dejándolas listas para lucirse en la muestra. Todo ese recorrido, esa búsqueda de información, de trabajar lo identitario con sus nombres decorados en maderitas, con luces y “yapanes” (jerga de los fileteadores que significa “el barniz que provenía de Japón”), culminaron junto a la muestra de los discípulos de Ricardo Gómez en el Marcó del Pont, de la mano de la supervisora, hoy jubilada, Eda Mendieta. Los séptimos grados hicieron unos chapones de recordatorio con sus nombres, dejando en el patio sus huellas de su el paso por la Escuela Primaria. Eda me llevó a dar charlas en las escuelas del Distrito y a trabajar con las y los chicos en otros espacios, más allá de la escuela, articulando con el centro cultural del barrio de Flores, en donde transitoriamente quedé como guía, mostrando las obras a las chicas y los chicos de otras escuelas que visitaban el lugar.

 

La inauguración de la muestra fue muy emotiva, el maestro Ricardo Gómez saludó a mis alumnos y alumnas de la Escuela y felicitó sus trabajos. Una experiencia increíble. Luego llegando al Distrito 20, tomé una suplencia en la Escuela 7. Formamos entonces un gran equipo, en conjunto y con muy buenas ideas, con las profes Marcela Purita y Nancy Roitman; pintamos murales y el fileteado estuvo en algunos carteles que no llegaron a visibilizarse, uno de ellos sí continúa en la entrada del aula taller de Plástica. Siempre estuvo presente la idea de trabajar con este arte…

 

Siguiendo los pasos por las escuelas del distrito, en la Escuela 2, DE 20, pintamos murales en la fachada de la escuela; la diversidad cultural y el cooperativismo fueron dos temas que debían ser entrelazados. Ese aporte plástico concluyó en el trabajo colaborativo, visible y perdurable en el tiempo, por supuesto en el interior de ese patio le dimos un toque a maderas pintadas con filetes, formando guardas decorativas que sostenían los trabajos de los chicos y las chicas.

 

Como el Distrito 20 está en la Comuna 9, que también acoge a las escuelas del vecino Distrito 13, transité varias experiencias siempre con el acompañamiento de Pablo Nuñez, supervisor de ambos distritos. Una de ellas en la Escuela 8, DE 13, con la bibliotecaria Alcira en el año 2019. Esta experiencia tiene mucha similitud con la propuesta del año 2021, también con biblioteca. En esta oportunidad por intermedio de una compañera de Plástica que me convocó para dar un taller de fileteado en uno de los eventos con biblioteca llamados “EncontrArte”. Los chicos y chicas de la escuela ya habían visitado un centro cultural del barrio de Cildañez, “Salvador Herrera”, del cual formábamos parte, brindando un espacio para el barrio con diferentes talleres. En ese momento, la misma profe de Plástica, Catalina Escandell, de la Escuela 8, invitó a les alumnes a trabajar y a conocer el fileteado, plasmando sus nombres entre arabescos, líneas y flores. Los participantes salieron contentos y sorprendidos con sus trabajos.

 

Ya al final del recorrido, quedando algunas experiencias por desarrollar, dejando puertas abiertas para continuar articulando este juego plástico, artístico distrital, comparto esta reflexión: el filete porteño aflora como arte popular en cada actividad pedagógica, transversalmente en las distintas áreas y en los diversos actores, trascendiendo de manera original como construcción cultural de nuestra Ciudad, visibilizando nuestro patrimonio cultural.

 

Nuestras identidades se construyen con otres, en diálogos, discusiones, conflictos y luchas que atraviesan subjetividades de compañeros y compañeras, constituyen singularidades. Nos posicionan en la lucha anticolonial, contra el consumo masivo de otras culturas impuestas desde hace siglos. Al hablar de ”lo nuestro” nos identificamos, recreamos y nos repensamos; como con el tango, esto trasciende géneros musicales o, como en esta experiencia, algo más que una pintura en un cartel.

 

Notas

[1] Andrea Delgado, Maestra de Educación Plástica.

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